Religión romana
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La Religión Romana era elemental y propia de una cultura rural. Se caracterizaba por ser politeísta, polidemonista, comunitaria (se practicaba en familia y en los cultos públicos) y ritualista.
Los romanos entendían por religión la relación entre ciudadanos y dioses, en la cual los primeros buscaban el favor divino y trataban de mantener la paz con los dioses. El gran número de dioses y la cantidad ilimitada de seres divinos en la religión romana antigua respondía a la necesidad de reconocer la acción divina en lo más cercano y cotidiano y actuar en armonía con ella. Existía un tipo de divinidades especiales para cada tipo de actividad agrícola, la ganadería, los que cuidaban a los hombres de su nacimiento hasta su muerte, en el matrimonio, etc.
[editar] Del Caos al Universo
Antes de que existieran el mar, la tierra y el cielo, sólo existía el Caos. El Sol iluminaba aún el mundo, ni la Luna cumplía su ciclo. No se conocían las riberas de los mares. El aire y el agua se confundían con la tierra, que todavía era una masa ígnea. Todo era uniforme. Los dioses, o la naturaleza, pusieron fin a estos despropósitos, y separaron al cielo de la tierra, la tierra de las aguas y el aire del cielo purísimo. Y así el caos dejó de ser. Los dioses pusieron a cada cuerpo en el lugar que les correspondía y establecieron sus leyes. El fuego ocupó la región más elevada. Más abajo, el aire. La tierra era la más profunda.
Hecha aquella división, los dioses redondearon la superficie de la tierra y limitaron el airado mar. Luego, añadieron lagos, ríos, etc., corriendo por la tierra y deborados por el océano. Con esto, se expandieron las vegetaciones, las montañas se elevaron y los valles se hundieron. Y así como el cielo estaba dividido en 5 partes (2 a la derecha, 2 a la izquierda y una al centro), así mismo quedó el universo. De las cinco zonas, la del centro quedó inhabitable por el fuego; las dos de los extremos quedaron envueltas en nieves; únicamente las centrales ofrecieron condiciones aptas para vivir. Sobre éstas se elevó el aire, más pesado que el fuego, pero menos que el agua y la tierra; y en él se dieron las nubes, la niebla espesa, los truenos que espantan a los hombres, los vientos y los granizos. El autor del mundo estableció la armonía en esta región: sin ella se hubieran desecho entre sí los elementos. Dejó que el éter se convirtiera en ese color azul al que llamamos firmamento.
[editar] Corte Celestial de los Romanos
La huella más evidente de la cultura grecorromana tiene forma de esculturas y templos, pero su pensamiento y mundo divino es parte de una herencia que perdura e influye en el pensamiento occidental.
Como la mayor parte de las religiones de la Antigüedad, los romanos eran politeístas. Sus divinidades eran personificaciones de las fuerzas de la Naturaleza. La base de la religión consistía en creer que sus dioses eran inmortales, veleidosos y con los mismos defectos que los seres humanos. Por eso, aquellos dioses tendían a procrearse tanto con divinidades como con seres humanos.
Los romanos bautizaron a los dioses griegos con nombres que imponía el Imperio Romano. Así, Afrodita era Venus, Apolo era Febo, Ares era Marte o Poseidón era Neptuno.
Así la genealogía comenzó con el Caos, desorden del que nacieron 2 hijos, la Noche y Erebo (muerte). De estos dos nació Amor que creó la Luz y el Día. Después la Tierra y el Cielo, Tellus/Gea y Urano. Tras un extenso árbol genealógico, se llega a Júpiter, que era el Dios Supremo, padre espiritual de los dioses y hombres.
Su mujer, Juno, era la reina de los cielos y guardiana del matrimonio. Otros dioses asociados con los cielos son Vulcano, dios del fuego y los herreros, Minerva, diosa de la sabiduría y de la guerra, y Febo, dios de la luz, la poesía y la música. Vesta, diosa del hogar, y Mercurio, mensajero de los dioses y soberano de la ciencia y la invención, eran encargados de reunir al resto de los dioses del firmamento.
Atlas, uno de los doce titanes, fue condenado a soportar sobre sus hombros el planeta Tierra por toda la eternidad como castigo por haber participado en la lucha de los gigantes contra Júpiter.
Saturno era otro de los Titanes. Devoraba a sus hijos según iban naciendo, sólo escapó Júpiter. Tellus (la Tierra) le había predicho que sería destronado por sus hijos, como así fue.
De la unión de Urano y la Tierra nacieron los 12 titanes, de los cuales dos, Saturno y Cibeles, engendraron a la primera generación de dioses, a saber: Júpiter, el todopoderoso dios del cielo; Juno, su esposa, diosa del cielo y del matrimonio; Neptuno, que reina sobre el mar; y Plutón, señor del reino de los muertos. Además, la virilidad de Saturno tuvo una polución sobre el mar y de ella nació Venus, la diosa del amor y la belleza. A estos dioses sumaban los de la segunda generación, nacidos unos de la unión de Júpiter y Juno y otros de las múltiples aventuras en las que el fogoso Júpiter se complacía: Marte, dios de la guerra; Vulcano, dios del fuego; Minerva; la inteligencia; Apolo, el sol y las artes: Diana, la luna, la castidad; y Tellus, personificaba la madre tierra, hija de Caos.